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La escuela Aurifaber de encantamientos

Del tratado De Perennis: La perdurabilidad de lo transitorio, autoría anónima, atribuido tradicionalmente a Elefteria Didáctilos, fundadora del Colegio Aurifaber.

Siendo la magia una fuerza tan material como inmaterial, tan abstracta como tangible, que pertenece al mismo tiempo al mundo espiritual y al mundo físico, limitarse al estudio y trabajo sobre lo etéreo es desaprovechar gran parte de lo que puede ofrecernos.

La energía mágica adecuadamente enfocada llega a ser tan sólida y estable como la roca, y puede ser forjada y moldeada como cualquier mineral, con el calor de la voluntad y el martillo de la palabra. La esencia y la substancia se vuelven así una sola cosa, en indivisible vínculo que no se romperá hasta que se cumplan el tiempo o las condiciones estipuladas por el forjador.

Es nuestro cometido, por lo tanto, la más noble de las tareas: la creación. Alcanzar la permanencia, e incluso la perpetuidad, de lo concebido con minuciosidad en nuestra mente o lo que brota espontáneo como una breve chispa de nuestro espíritu. Lograr, a través del discernimiento y la praxis, trascender la separación entre lo real y lo irreal, y dotar al mundo de nuevos esplendores.

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Los miembros del colegio Aurifaber son los artesanos del mundo de la magia, y de alguna manera consiguen ser a la vez prácticos y soñadores. Sus artificios son tan funcionales como hermosos, conocen los secretos para concentrar la energía hasta hacerla impenetrable como una muralla y teniendo el foco adecuado, también pueden imbuirla en objetos físicos para otorgarles capacidades sobrenaturales. Aquellos que eligen este colegio pueden ser inventores con talento para crear o meros operarios que trabajan con la magia como una herramienta más, habilidosos forjadores de armas y armaduras amantes del arte y la belleza o del poder y la resistencia, golems maniáticos del trabajo y la precisión o almas creativas que tejen hechizos experimentales sin pensar en las consecuencias.