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La escuela Mors de nigromancia

Extracto de la Tábula Taumatúrgica, Libro Cuarto, Capítulo 4: Magia Oscura y Nigromancia.

La Magia es una fuerza primigenia, imbricada en la Naturaleza e inseparable de ella. No hay nada que esté fuera de su alcance, y nada que no pueda sujetarse a su influencia.

Son los practicantes de magia los que deciden qué hacer con dicha fuerza y cómo van a emplearla, sin más límite que sus conocimientos y su voluntad. Por sí misma, la magia no es “negra” ni “blanca” ni de ningún color, puesto que es el objetivo al que se dedica el que la convierte en beneficiosa o dañina.

No obstante, tradicionalmente se conoce como “Magia Oscura” a aquella cuyo objetivo último es sondear en los misterios de la muerte y el Más Allá e incluso llegar a dominarlos.

Muchas leyendas se han contado sobre héroes que han traspasado las barreras del mundo de los espíritus buscando el amor, la gloria o la sabiduría, y ha habido magos en todas las épocas que han deseado emularlos. Pero esas barreras no fueron alzadas para que pudieran atravesarse impunemente, y se abren en una sola dirección, como han descubierto para su desgracia todos los imprudentes que se dieron demasiada prisa en atravesarlas, excesivamente confiados en sus méritos.

Sin embargo, la muerte también es parte de la naturaleza, y sus incógnitas pueden explorarse e investigarse, aunque no a través de los métodos más usuales. No hay maestro ni Gran Maestre que pueda adoctrinar sobre lo que acontece más allá de la Última Puerta, puesto que no es dada a la materia la comprensión de lo que atañe al espíritu. No hay ojos vivos que puedan contemplar los dominios de la muerte, ni mente humana que pueda aprehender sus límites, pero la verdadera voluntad, convenientemente enfocada, trasciende todos los dominios, y alcanza todos los confines.

Está escrito en los Anales del Gremio que en las épocas de bonanza que sucedieron al amanecer del Segundo Despertar, cuando la Academia alcanzó su punto álgido y las aulas bullían repletas de mentes geniales y nuevos descubrimientos, el Gran Maestre Francis Ashwood, tercer mago conocido en alcanzar la insigne categoría de Magnus Arcanorum, habiendo consolidado su dominio de la magia persistente de la Tierra, de la alquimia del Agua, del vigor del Fuego y de la sutileza del Aire, volcó sus aspiraciones en alcanzar lo que nadie había logrado: el control del Espíritu.

Cuentan que en su empeño, alcanzó los umbrales de la existencia y desafió a la misma Parca, y volvió de su largo viaje con conocimientos que ningún mortal había poseído antes… si es que seguía siendo mortal. Su poder alcanzó cotas nunca vistas antes de que, ya anciano, emprendiese un viaje con destino desconocido del que nunca regresó, dejando vacante la plaza de Archimago durante un plazo de diez años, hasta que se asumió su pérdida, y otros diez hasta que se decidió un digno sucesor.

De lo que no hay ninguna duda es de que la persona que partió a su terrible búsqueda no fue la misma que la que regresó. El precio que pagó por su aprendizaje nunca llegó a conocerse, pero sí que jamás accedió a transmitirlo a ningún discípulo, y si acaso reconocía en alguno la misma ansia y ardor del conocimiento que le había consumido a él, sólo le susurraba estas palabras: “Busca y encontrarás”.

mors

Los seguidores de esta senda mágica son llamados nigromantes. Este no es un colegio de magia como los demás, ya que sus prácticas fueron vetados por los Colegios de la Magia del Imperio. No obstante, algunos hechiceros están dispuestos a buscar quien les enseñe estas artes y pagar el precio necesario por dominarlas. Se trata de artes oscuras que se mueven en la fina linea que separa la vida de la muerte, estudian las almas en pena, tratan de entender el funcionamiento del Limbo, el origen de Muerte, experimentan con vivos y muertos, para bien o para mal. Aquellos que buscan saberes que van más allá de la comprensión de los mortales son quienes eligen esta senda mágica.